Andy Burnham, quien encabeza el gobierno británico, dijo el miércoles ante la Cámara de los Comunes que su gobierno “siempre respetará los derechos de los isleños de las Malvinas a elegir ser británicos” y que el Reino Unido “será implacable en su defensa”.

Respondía, durante la sesión de preguntas al primer ministro, a una línea más dura que el presidente Milei había adoptado días antes. En una cadena nacional televisada el 3 de septiembre, Milei dijo que las aproximadamente 3.500 personas que viven en las islas, a las que describió como una población implantada en un territorio usurpado, “no tienen derecho legítimo a la autodeterminación”, una posición más dura que la que su gobierno había adoptado antes, ya que deja de lado todo reconocimiento de la voluntad de los propios isleños. En el mismo discurso, Milei anunció sanciones a las petroleras que operan cerca de las islas (una campaña que desde entonces creció hasta alcanzar a 60 partes sancionadas), una base naval prevista en Tierra del Fuego y un nuevo Consejo de Seguridad Nacional, y presentó el momento como una oportunidad sin precedentes para el reclamo de soberanía de la Argentina.

El intercambio en el Parlamento también arrastró una disputa ajena, pero con fuerte carga política: el acuerdo del Reino Unido para transferir las islas Chagos a Mauricio, firmado en mayo de 2025 bajo el predecesor de Burnham, Keir Starmer, y heredado como política de su propio gobierno. Kemi Badenoch, que lidera a los conservadores, lo usó para atacar directamente a Burnham: calificó la entrega de las Chagos de “una decisión débil” y agregó que, como resultado, “no sorprende que la Argentina esté amenazando ahora a las Malvinas”. Burnham no concedió el punto: dijo a los legisladores que “no vamos a entregar nuestra base en Diego García”, la instalación militar conjunta con Estados Unidos que queda en el archipiélago de Chagos, y afirmó que el Reino Unido “nunca” renunciará al derecho de los isleños de las Malvinas a seguir siendo británicos.

La escalada de Milei siguió a comentarios del presidente Trump de días antes. En una entrevista con GB News publicada el 3 de septiembre, Trump se negó a reafirmar un apoyo incondicional de Estados Unidos al Reino Unido en un conflicto por las Malvinas y dijo que “siempre revisa cada posición”, y por separado criticó al Reino Unido por no sumarse a los ataques encabezados por Estados Unidos contra Irán, y calificó la ausencia del país en esa campaña de “bastante triste”. El gobierno argentino señaló los dichos de Trump como prueba de que la neutralidad de décadas de Washington sobre la cuestión de la soberanía se está flexibilizando, aunque Trump no se comprometió a ningún cambio en la política estadounidense y no se anunció formalmente ninguno.

Keir Starmer, a quien aluden tanto la queja de Trump por Irán como el acuerdo original sobre las Chagos, renunció en julio en medio de una crisis de liderazgo del Partido Laborista; Burnham, quien fue alcalde del Gran Mánchester, asumió en su lugar.